Homilía de Fernando Gálligo, en la misa del Miércoles de Ceniza (1-3-2017)

publicado a la‎(s)‎ 2 mar. 2017 8:31 por Contenidos CGCL

HOMILÍA DE LA MISA DEL MIÉRCOLES DE CENIZA-FERNANDO GÁLLIGO-1 MARZO 2017

Iniciamos hoy – así nos lo dice el Papa Francisco en su mensaje de Cuaresma 2017 - un tiempo en el que recibimos una fuerte llamada a la conversión: estamos llamados a volver a Dios «de todo corazón» (Joel 2,12), y a no contentarnos con una vida mediocre…

De manera que es un tiempo para crecer en la amistad con el Señor. ¡Qué buena invitación!, unas semanas para hacerse más amigos del Señor…

Un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu y para renovar el encuentro con Cristo vivo.

En su mensaje para la Cuaresma 2017 el Papa Francisco dice que la Cuaresma es un nuevo comienzo; un tiempo para ponernos de nuevo en camino hacia un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte.

El lema de este año nos dice que somos “empujados por el Espíritu” a un nuevo comienzo. Hay que volver a empezar.

En la parrilla de salida, un nuevo comienzo.

¡Y se trata de dejarse llevar por el Buen Espíritu¡ ,como el viento que llenase las velas de un barco.

¿Estamos dispuestos? ¿Queremos volver a empezar? ¿Estamos dispuestos a dejar atrás lo que no funciona en nuestra vida y a volvernos a poner en marcha? ¿Nos animamos a caminar como peregrinos hacia Jesús? ¿Te unes al camino? ¿TE VAS A DEJAR LLEVAR?

Es un camino el que iniciamos…

Ponte las botas, apriétate bien la mochila: nos ponemos en marcha.

Esa es otra de las imágenes con la que arranca la Cuaresma este año. Un caminante, un peregrino, que – empujado por el Buen Espíritu – se pone de nuevo las botas de montaña, agarra el bastón, se cala bien la gorra de peregrino, y empieza a andar sin prisa hacia la Pascua.

40 etapas por delante para llegar finalmente al abrazo del Señor.

Para el camino, entre otras cosas, la cantimplora, la botella de agua que llevamos en las marchas, cuando vamos a la montaña, como símbolo de este tiempo litúrgico que hoy iniciamos.

Una cantimplora (de la expresión en catalán canta i plora, "canta y llora", que alude al sonido del agua cuando sale) logra mantener la temperatura fría de la bebida en tiempo caluroso… Es el gloo, gloo del agua que sale…

Mi cantimplora está golpeada. La pobre está muy magullada, porque a veces se me cae al suelo.

¡Pero, pese a las magulladuras, la cantimplora sigue haciendo su labor¡ Pese a su aspecto externo - no tan perfecto y nuevo como al principio -, mi botella de agua sigue siendo muy útil.

Me maravilla mi cantimplora. Mantiene el agua fresca, siempre, en todo momento. Por fuera llena de golpes; por dentro fresca, refrescante. Las magulladuras no le han afectado por dentro: conserva su frescura, su inocencia incluso, su sabor tan sanador.

Quizás ésa es la vocación cristiana: ser cantimplora, vasija que conserva el agua fresca y quita la sed a los sedientos. Pese a que la apariencia física se va deteriorando…

Una cantimplora canta y llora por el camino. Me gustaría eso para nosotros también: saber cantar y llorar por el camino. Hay días para llorar y días para reír. Hay tiempo para todo.

Dios nos regala un largo camino, y en él hay de todo. Alegrías y penas; momentos buenos y momentos menos buenos. Pero Él siempre con nosotros en el camino. Más aún, Él es el camino.

De eso se trata en esta Cuaresma 2017: de caer en la cuenta que Él es el camino. ¿Cómo darse cuenta? Poniéndose en marcha, un paso detrás de otro.

*

La Cuaresma de este año, dice el Papa Francisco, tiene que ser ocasión para dejarse “empujar por el Buen Espíritu”.

Quizás a nosotros nos gusta llevar la iniciativa, tomar las riendas, llevar el control. Pero la vida no se deja dominar tan fácilmente.

Sí, vivimos a menudo la fantasía de creer que controlamos todo lo que nos pasa. Quizás “la mayor ilusión y fantasía del hombre es la de creer que dominamos nuestra vida. ¡Pero la vida es un don que escapa a todo intento de ser dominado!” (Jean Claude Sagne).

La Cuaresma es un tiempo para dejarnos llevar por el impulso del Buen Espíritu.

Los santos precisamente son los que “se dejan hacer por Dios”.

Quizás esta Cuaresma puede ser una buena oportunidad para dejar a Dios ser Dios en mí.

Es un lento aprendizaje: nos gusta pilotar el barco, como es lógico.

Pero esta Cuaresma nos invita a ver las cosas de otra manera, y a descubrir que en la vida lo más importante no es tanto lo que nosotros podemos hacer, sino el dar cabida en nuestra vida a la acción de Dios.

¡Hay que dejar hacer a Dios!

Ésa es la propuesta para esta Cuaresma: ¡sentirnos impulsados por el Buen Espíritu!

Dejar a Dios que nos lleve… “Sin Mí no podéis hacer nada“, dice Jesús.

Hay un adagio clásico que dice que “para el que no sabe a dónde va, ningún viento es propicio”. Ningún viento es bueno, si no sabes a dónde vas.

Nosotros podríamos decirlo de otra forma: “no importa dónde me lleve: el viento del Buen Espíritu es siempre propicio”.

Vamos a dejar a Dios que nos lleve dónde quiera en esta Cuaresma. Impulsados por su Espíritu, seguro que llegamos a buen puerto.

*

Cuaresma, tiempo para aprender a ser libres.

Libertad fundada en la confianza en Dios.

Dios, a través de su Espíritu, va a mostrarnos el camino a seguir, tocando e iluminando las profundidades de nuestro corazón.

¿Es que ser libre es poder decir NO a Dios? ¿Y dejarle fuera, a las puertas…?

En realidad somos libres cuando dejamos a Dios entrar en nuestra casa.

Soy libre cuando acepto el amor de Dios.

Libertad que va a más, que crece en el encuentro; ese amor de Dios que entra en mi vida me hace cada vez más libre.

Ese dejarme hacer, ese dejarme llevar por el impulso del Buen Espíritu, se convierte cada vez más en fuente de auténtica libertad.

Si nos dejamos llevar por el Buen Espíritu, nuestra vida apuntará sin duda a Dios.

Quizás la Cuaresma 2017 sirva para descubrir que nuestra vida sin Dios, sin su impulso, no tiene sentido. Se queda paralizada, inmóvil, estéril.

Ojalá que nuestra vida estas próximas semanas haga preguntarse a la gente: “¿a éste/a qué le pasa? ¿Por qué vive y actúa como actúa? ¿De dónde nace esa libertad nueva que vemos en él/ella?

Que en estos días de Cuaresma haya algo en nuestra manera de vivir, amarnos, cuidarnos que haga pararse a la gente y preguntarse/cuestionarse: ¿por qué?

Que algo en tu manera de vivir confronte e intrigue a la gente… porque si estamos totalmente “adaptados” al ambiente, ¿qué podemos ofrecer?
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