Rezando por Jaime Moreno y la Republica Centroafricana

publicado a la‎(s)‎ 25 mar. 2013 5:20 por Contenidos CGCL
LOS YIHADISTAS YA CONTROLAN CENTROÁFRICA.
 
Jaime Moreno, que no quería dejar sus casa, ha sido llevado a una sede de Naciones Unidas, desde donde saldrán hacia el aeropuerto.
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Las continuas explosiones y las ráfagas de metralleta anunciaron ayer, domingo, en torno a las siete de la mañana, la batalla final por Bangui. El sacerdote madrileño Jaime Moreno, responsable del Servicio Jesuita de Refugiados (JRS) en la República Centroafricana, explicó a este periódico que los combates entre los rebeldes de la alianza Séléka y el Ejército regular apenas duraron dos o tres horas. «Los soldados carecen de motivación, están mal pertrechados y no disponen de formación, y tan pronto han podido han huido a sus casas».

La suerte de la capital centroafricana estaba echada después de que los efectivos sudafricanos, que habían hecho frente a los asaltantes, llegaran a un acuerdo y permitieran su paso. Los combates tuvieron lugar a lo largo de la noche a doce kilómetros del centro y se saldaron con la muerte de entre doce y cuarenta de los soldados extranjeros. El depuesto Bozizé había volado la semana pasada a Pretoria para solicitar el socorro directo de su homólogo Jacob Zuma ante la reanudación de la ofensiva guerrillera.

Tal vez, la certeza de su derrota explica que las fuerzas armadas locales impidieran la tarde del sábado la evacuación de los expatriados. «La embajada francesa convocó a todo el personal en el aeropuerto, controlado por doscientos efectivos galos, y el sábado por la tarde se formó un convoy con personal de las agencias de Naciones Unidas y de las ONG, pero la tropa lo interceptó y evitó que llegara a la pista», explica Moreno, que participó en el traslado de funcionarios y cooperantes. «Decían que todos teníamos que correr la misma suerte». Desde entonces, unas trescientas personas aguardan su salida en la sede del Binuca, organismo del Consejo de Seguridad en el país. «Ahora hay conversaciones entre el jefe de la ONU y la Séléka para permitir la partida».

El expolio y la falta de suministros se han convertido en los mayores problemas de la ciudad, de unos 750.000 habitantes. La población, recluida en sus casas, carece de señal de radio, agua y electricidad desde el sábado, circunstancia grave en una zona de clima tropical donde la temperatura ronda los 35 grados. La misión jesuítica dispone de un equipo electrógeno, pero no puede ponerlo en marcha porque su ruido puede llamar la atención de los grupos de saqueadores que recorren el centro. «Junto a nosotros se encuentra la presidencia del Gobierno y un edificio de apartamentos de alquiler para funcionarios de la ONU y estamos viendo cómo hombres armados se lo llevan todo, sillas, mesas, refrigeradores y aparatos de aire acondicionado».

Ola de torturas

Los disparos aislados que se escuchan mientras el religioso relata la situación parecen responder a intentos de disuadir a los atacantes. «A nosotros nos han pedido la llave del vehículo», confiesa, al tiempo que señala que las organizaciones de socorro han seguido la misma suerte, que los grandes almacenes han sido devastados y circulan por las calles desiertas coches confiscados repletos de mercancías robadas.

La embajada española en Camerún llamó ayer al JRS para conocer el estado de los escasos españoles que residen en el país. «Mantenemos el contacto, pero si no podemos recargar los teléfonos móviles corremos el riesgo de quedar aislados». Los sacerdotes jesuitas no piensan en abandonar la ciudad, separada tan solo de la República Democrática del Congo por la frontera natural del río Ubangui. «Esperamos que esto no dure mucho y las nuevas autoridades instauren cuanto antes el orden». El inmediato envío de 350 efectivos galos procedentes de Gabón, ya anunciado por el presidente François Hollande para controlar el aeropuerto, puede desbloquear la situación del personal foráneo atrapado y facilitar su marcha. El otro riesgo, si no se restaura la seguridad, es la de represalias contra la comunidad gbaya, a la que pertenece el destituido dirigente François Bozizé. Estas venganzas, muy temidas, responderían a la ola de torturas y desapariciones sufrida por las tribus del norte, favorables a los rebeldes, y que han sido atribuidas a la Policía del anterior régimen.